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INVESTIGACIÓN EN TIEMPOS DE CRISIS

Parece claro que la única manera de mantener el alto nivel de vida y bienestar de los países industrializados, y más en tiempos de crisis, es impulsar la innovación  empresarial. Así lo demuestra, por ejemplo, el hecho de que 2009 haya sido designado como el Año Europeo de la Creatividad y la Innovación, o en un ámbito más cercano, la creación hace ahora dos años de Innobasque, la Agencia Vasca de Innovación. Por otra parte, la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia dice,  ante el Congreso de los Diputados del 13 de julio, que “precisamente ahora, en tiempo de crisis, es el momento de apostar por la innovación como palanca de recuperación económica”. El mismo presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, afirma el 4 de septiembre que “la Comisión debe llevar la política de investigación  de la UE a un nuevo nivel y convertirla en uno de los motores de nuestro desarrollo sostenible”. Pero, ¿Qué es eso de innovar y, sobre todo, cómo se hace?  La innovación, entendida como la aplicación de un método de producción, de organización o de suministro nuevo o significativamente mejorado, puede ser de  varios tipos. Euskadi presenta los números propios de una región altamente industrializada y rica: el 30% del PIB es de origen industrial (casi 10 puntos superior a la media europea), el PIB per cápita de  Euskadi es un 37% superior a la media de los 27 países miembros de la Unión Europea, y, con una puntuación de 0,964, Euskadi ocupa el tercer puesto mundial en cuanto  al Índice de Desarrollo Humano se refiere. Es necesario que las empresas vascas realicen continuamente actuaciones de innovación en sus productos y en sus  procesos de producción. El origen principal de estas innovaciones, no es otro que las actividades de investigación y desarrollo, realizadas por los departamentos de I+D de las empresas, en colaboración con otros agentes del sistema de ciencia y tecnología.


TIPOS DE INVESTIGACIÓN
La Comisión Europea diferencia tres tipos de actividades de investigación: investigación fundamental, investigación industrial y desarrollo experimental, que es la más  cercana a las actividades de innovación tecnológica. Las tres son evidentemente necesarias, aunque el protagonismo de la empresa sea menor cuanto más nos alejamos de la aplicación industrial. Los indicadores muestran que estamos bien situados en investigación fundamental (es decir, científica), ocupando estatalmente la posición que nos corresponde en relación al tamaño de nuestra economía (novenos a escala mundial). No obstante, no sacamos rendimiento industrial a esa producción científica  y así, por ejemplo, según el “European Regional Innovation Scoreboard”, el Índice RIS es de 0,55 en Euskadi (justo en la media de la Unión Europea), muy alejado del  0,90 de la región de Estocolmo en Suecia. En consecuencia, nuestro posicionamiento como país es bueno en “ciencia” y bastante malo en “tecnología”, lo que hace que  la auténtica asignatura pendiente sea la Investigación Aplicada y la Transferencia de conocimientos desde los agentes que lo generan (universidades y centros tecnológicos) a los que lo convierten en innovaciones industriales.