Modelos de formación universitaria
Olga Esteve, Hezkuntza Zientzietan Doktorea, Pompeu Fabra Unibertsitateko (UPF) atzerriko hizkuntzetako auto-ikasketarako proiektuaren koordinatzailea da, Itzulpengintza Fakultateko hezkuntza berrikuntzarako laguntza unitatean. GRAEL, hizkuntzen ikaskuntza-irakaskuntzaren ikerketa taldeko sortzaileetakoa, atzerriko hizkuntzetako irakasleen formazioari ekiteko bide berriak aztertzen dihardu.
Me gustaría saber tu opinión sobre los planes de formación en la universidad en general.
Desde mi perspectiva, claro, partiendo de que es un conocimiento limitado, la primera sensación que tengo, y que es la que quisiera de alguna manera verbalizar, es que se ha trabajado más en modelos de formación para profesorado universitario que para la formación del mismo profesorado universitario.
¿Por qué digo eso? Porque hay muchas formulas, sobre todo para los profesores junior, y en esas fórmulas parece que no se adoptan modelos socioconstructivistas, sino más bien modelos de transmisión de conocimiento didáctico; se parte de jornadas, talleres … a los cuales se invita a distintas personas que tienen gran experiencia a nivel de didáctica en el ámbito universitario, se trabajan aspectos como dinamizar el grupo etc., pero más como transmisión de buenas prácticas que co-construcción de una pedagogía adaptada realmente a cada persona y a cada contexto, y eso para mí es un handicap. En mi opinión, hace falta establecer unos cánones de acompañamiento de los procesos reflexivos, sobre todo en el profesorado junior, pero sin limitarlo a su colectivo.
Por otro lado, hay modelos que se basan más en que los profesores universitarios colaboren en proyectos de innovación docente. Son buenos en tanto que parten de las propias necesidades y del propio interés. Pero esos proyectos tampoco van acompañados de ningún tipo de tutorización. En estos casos se debería establecer un acompañamiento que ayude a sistematizar el debate y la reflexión que surge de esos proyectos.
Creo que hay esfuerzos, pero que se ha invertido mucho más en modelos de formación inicial para el ámbito no universitario y menos para el ámbito universitario.
Y me pregunto por qué no partimos de modelos en donde los profesores junior de la universidad analicen su experiencia, quizá no como profesores pero sí como aprendices y como estudiantes, y construir a partir de ahí un saber pedagógico propio a partir del contraste con otras experiencias que pueden provenir de otros iguales, o de otras teorías de aprendizaje en otras propuestas más abstractas, más teóricas.
Entonces ya no te voy a preguntar sobre la necesidad de cambio porque efectivamente ya has respondido a la pregunta…
Cuando yo hablo de cambio, y eso sí que quisiera puntualizarlo, no me refiero a desestimar todo lo que se ha hecho hasta ahora. Yo creo que hay que hacer un análisis de lo que se ha hecho, qué es lo que realmente se acerca a modelos basados en el análisis de la propia experiencia y la construcción de ese saber pedagógico propio, recoger lo que se ha hecho en ese sentido y construir a partir de ahí.
Reforzaría la figura del formador-tutor también en la formación universitaria. Porque es que en nuestro país es como una figura desdibujada, que no es que no exista, pero yo veo en otros modelos de Europa que esa figura es muchísimo más fuerte. Modelos europeos en los que la figura del mentor para los profesores junior es mucho más fuerte que aquí.
Entonces, cuando hablas de mentor ¿qué características tiene? Te voy a decir por qué. Porque en la universidad de Aalborg, en el modelo de formación que tienen intervienen dos figuras, como si dijéramos dos supervisores, o dos mentores o dos tutores. Uno procede del área de conocimiento y el otro es del mundo de la pedagogía. Entonces, el del mundo de la pedagogía, según este modelo, es el que hace las observaciones el seguimiento de la intervención que hace esa persona en el aula. Y, sin embargo, el del área del conocimiento es el que le va a ayudar a construir otro tipo de conocimiento. Entonces, lo que quería preguntarte es, cuando hablabas de mentor, ¿de qué modelo estamos hablando? (…)
Me parece genial la propuesta de Aalborg, es decir, que se combinen esas dos perspectivas. Yo, de hecho, creo mucho en la figura del experto-tutor, es decir, que en la misma persona confluyan las capacidades del experto en la materia y las competencias del formador-tutor. Y si no, si eso no ocurre, porque tampoco se puede dar siempre, me parece que la solución de la universidad de Aalborg es excelente. Yo apostaría por ese tipo de modelo cuando hablamos de ese acompañamiento claramente.
Porque lo que sí he visto claro, desde mi perspectiva, es que la persona experta en la materia no tiene necesariamente las capacidades necesarias para ser un buen mentor. Entonces, una de las cuestiones que a mí me parecen básicas de cara a la formación del profesorado universitario es que la universidad tiene que darle como más configuración a la figura del mentor. Eso significa que tiene que apostar por un modelo que forme primero a los mentores, es decir que capacite a las personas que considere en el perfil de mentor, porque si no parece que no está clara esa figura del tutor-mentor, quién lo hace, por qué lo hace, etc.
Y si en el caso de las personas de la misma materia no pueden adaptarse a esa figura, me parece que el equipo mixto es lo ideal, pero, claro, siempre pensando en la coordinación, etc. De todas formas, quiero pensar que es posible, yo veo que este modelo funciona en el ámbito universitario, que es posible la confluencia de distintos roles en una misma persona, no en todas, pero en algunas sí.
Entonces, ¿podrías explicar o comentar algún modelo concreto, alguna experiencia que conozcas y que consideres buena práctica?
Yo la experiencia que considero buena práctica, y que he tenido el privilegio de participar en todo el proceso, es un proceso de formación inicial de profesorado junior que se hizo en el CPV de mi universidad, Pompeu Fabra. Yo organicé tareas con la persona que estaba entonces al cargo de este proyecto, Consolación Gil. Construimos un modelo semi-presencial donde había sesiones de seminarios o de trabajo conjunto, tutorías grupales e individuales, observaciones de clase, y también, incorporación de bases conceptuales teóricas.
Pero lo más importante de todo fue la forma de incorporar esas bases teóricas o de buenas prácticas. Éstas se reubicaron, es decir, no se incorporó la teoría sobre la didáctica al principio, sino a partir de las observaciones que hacían los propios profesores que estaban actuando, que estaban como profesores, porque era su primer año y no habían tenido prácticamente una formación antes de ingresar en la universidad.
Son modelos que nosotros también hemos utilizado en la formación continua de profesorado no universitario, y hemos tenido un feed-back muy por encima de las expectativas que teníamos, porque son modelos que se basan en el profesional reflexivo. El modelo que se basa en la reflexión colectiva y en grupo es muy importante; el intercambio de ideas, el contraste de las propias ideas con las ideas de los demás y, las ideas que provienen de expertos en pedagogía, etc.
Y eso significa que son modelos que necesariamente tienen un tiempo de duración más largo que otros, por ejemplo, de 6 a 8 meses; es imposible realizar este tipo de modelos en menos tiempo que 6 meses.
Son modelos en los que se enseña a observar y observarse, siempre desde la base de simetría y de una relación entre iguales y, a partir de ahí, ir construyendo ese saber pedagógico. Son los modelos en los que muchos profesionales están interesados en todo el mundo.